El auditórium Mariano Enríquez Mérida

Mi presentación

por Marco Vinicio Mora Domínguez[1]

Érase un día de abril de 1968, y una vez más, pasaba por el “primer patio” del INVO, me dirigía hacia el “segundo patio”; en donde funcionaba la escuela de primaria Francisco Muñoz, en la cual estudiaba (una puerta separaba la primaria de la secundaria, bachillerato y magisterio). Normalmente los estudiantes de primaria entraban por la puerta que les correspondía (enfrente del Estadio Escolar Mario Camposeco), pero yo, una vez traté de entrar por la puerta principal, y de suerte me dejaron entrar (no era lo usual). No sé si fue mi altura, mi cortesía de decir buenos días, o la suerte que estuvo a mi lado. Al entrar, vi perplejo la majestuosidad del salón de actos del Instituto que lleva el nombre de Mariano Enríquez Mérida. El edificio fue diseñado en estilo neoclásico, con una composición de tres cuerpos, el central adelantado con cuatro columnas, rematado con un frontón en honor a la Diosa Minerva, con columnas en los extremos… ¡¡¡Precioso…!!! Ese mes, fue su inauguración.

El año siguiente, fuimos promovidos un buen grupo de compañeros de primaria, a primero básico; los siguientes 6 años, me traerían experiencias inolvidables, entre ellas, haber participado en el equipo de basquetbol, y, en la banda de guerra, en ambas, con resultados exitosos.

Al frente del salón de actos estaban las canchas de basquetbol en donde practicamos a diario con el objetivo de ser campeones, y recorrimos con la banda de guerra, los corredores del plantel pasando también por el salón antes mencionado, el cual me llamaba la atención por su belleza, en su interior, solo había estado dos veces: para algún acto del 10 de mayo y un concierto de marimba. En esa época, también era alumno de la Escuela de Música Jesús Castillo, recibía clases de piano y violín, y había participado en un par de conciertos en el Teatro Municipal y en la Casa de la Cultura, pero nunca en el Salón de Honor del Instituto. Me preguntaba si algún día, tendría la oportunidad…

Pasaron los años y para el Centenario del INVO, surgió la oportunidad. Mi maestro de violín Marco Antonio de León me comentó que alguien del claustro de catedráticos lo había invitado a participar con algún acto, que se llevaría a cabo ese año; y me preguntó que si me “animaba” a participar para un concierto violín-piano; se me abrieron los ojos de la felicidad e inmediatamente le dije que sí.

Me dijo: —El lunes en la escuela hablamos…

Ese fin de semana fue eterno, nunca pasaba el tiempo, por fin, llegó tan esperado día, 15:00 horas, en el lugar en donde habitualmente se practicaba el instrumento de violín.

—Ejecutaremos el Minueto en Sol Mayor de J.S. Bach —me informó al verme, con una sonrisa picaresca.

Eso sí, me dijo—: Tendrá que prepararse muy bien, pues la presentación será en el INVO. «Nos vemos en un mes para practicar». Sentenció, al retirarse.

Después de la euforia inicial vino el trabajo arduo, aprenderse la melodía, acostumbrarse al ritmo, leer e interpretar el sentido de esta (sentir pasión por lo que se interpreta) primero con la mano derecha, luego con la mano izquierda, después, ambas manos y practicar una y cien veces más… Para finalmente, aprenderse de memoria la melodía (el profesor de piano Joaquín Marroquín, tenía esa metodología de aprendizaje).

Probablemente puede parecer exagerado, pero practicaba 4 horas diarias, incluyendo el sábado por la mañana (sacrificando mis preciadas horas para jugar futbol), pero en mi mente reinaba la frase «tendrá que prepararse muy bien», y eso hice.

A menudo, practicaba cuando no se daba cuenta el profesor de León. Llegado el tiempo estipulado, estaba listo, pero le dije al profe que me diera una semana más (para ponerlo nervioso), hasta el día de hoy, no encuentro explicación de mi proceder…

El viernes de esa semana me dijo con cara de pocos amigos (normalmente, siempre tenía una risa amigable): —lunes a las tres, sin falta.

El lunes a las 14:55 horas toqué la puerta y con una sonrisa de oreja a oreja le dije: —Buenas tardes, permisoooooo…

El profe con cara de asombro espetó: —¿Y su partitura? No me vaya a decir que se le olvidó…

A lo cual con aire sereno respondí: —No la necesito…

La presentación fue todo un éxito, nos acoplamos perfectamente y todo salió “a pedir de boca” quedándome la satisfacción de haber actuado en el auditórium Mariano Enríquez Mérida.


[1] Promoción Magisterio 1974

Fuente: Lumen número 1.

Nota del Editor:

El salón de actos del Instituto Normal para Varones de Occidente lleva el nombre de Mariano Enríquez Mérida; jefe político de Quetzaltenango a partir de julio de 1872. Durante el ejercicio de su cargo se empeño en apoyar la educación y derogó en Quetzaltenango la conocida como “Ley Pavón”. Don Mariano donó su salario para contribuir a la construcción del “Colegio de Occidente, y además colaboró para pagar los salarios de los maestros de las escuelas públicas de la ciudad.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: